jueves, 13 de febrero de 2014

PENSAMIENTO SÉPTIMO
Hay días rutinarios, casi imposibles de identificar en la inmensidad del calendario. pero hay otros días, cuyo recuerdo tarda más en desvanecerse en la bruma. Hoy es uno de estos días ligeramente más persistentes. 
No ha ocurrido nada extraordinario, nada especialmente memorable, pero los acontecimientos "normales" de hoy me generan una profunda extrañeza que otras veces no aparece.Todo parece privado de sentido, completamente absurdo. Diríase que todo está deformado, como si se tratase de un sueño grotesco. Nuestros actos y nuestras palabras parecen sacados de una obscena mascarada, nuestras conversaciones parecen cortarme como cuchillos, las bromas hastían. Y tal vez ese sea el motivo de todo. El hastío. Este sentimiento ya familiar se convierte en una de las realidades omnipresentes de mi vida, Es algo que ya lleva años acosándome, es un eterno hastío.
Siguen circulando los sinsentidos, palabras estúpidas, palabras vanas. Y el cansancio vital me sigue invadiendo, como una lenta pero inexorable enfermedad que se apodera de mí. 
A veces me planteo en que estoy gastando mis días. Es algo que ciertamente me inquieta, pero en lo que prefiero no pensar. Y es que casi todo lo que hago me parece una necedad, algo completamente inútil. Veo como pasan ante mí las horas, los días, las semanas... y  como no cambia nada, y como casi todo aquello a lo que me me cansa, y es incapaz de llenarme. Sólo en estos momentos de escritura hallo cierto solaz. Pero esto no es suficiente. Necesito realizar algo que colme mis deseos, que evite la sensación de fracaso. 
En fin, creo que ya ha sido suficiente por hoy. El sinsentido y el absurdo me han llevado a mirar hacia mi propio interior, hacia mis problemas, y no he quedado satisfecho con lo que he visto.
Un cordial saludo, mis lectores.

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