jueves, 9 de enero de 2014

PENSAMIENTO CUARTO

Acabo de salir de mi Instituto. En este momento, me encamino de vuelta a casa tras un día en el que, de nuevo, un coro de zopencos se ha dedicado a mofarse de mi persona. Y francamente, yo ya estoy harto de esta situación. Estoy completamente harto de tener que aguantar burlas, motes estúpidos que sólo sirven para hacerme mala sangre. Que lo único que logran es reprimir mis buenos sentimientos. Que me hacen ser más retraído y solitario a cada día.
En realidad tengo poco que decir. Es simplemente un hartazgo profundo, un odio visceral hacia los causantes de lo que se está convirtiendo en una pesada losa que pesa sobre mi alma. 
Quizás haya quien vea en esta entrada, en este pensamiento, una patochada más de ese individuo excéntrico, que es casi un bufón. Un truco para llamar la atención. Se equivoca de cabo a rabo. Esto es un desahogo, una manera de intentar canalizar la rabia y la frustración que voy acumulando día a día. Es una manera de sacar esos sentimientos que parecen pudrirse en el interior de uno mismo.
Creo que ya he cumplido mi objetivo. Un saludo a todos los que lean estas líneas.

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